domingo, 8 de septiembre de 2013

SI LOS ANIMALES HABLARAN ...

No se puso a pensar alguna
vez, cómo sería del mundo,
si los animales hablaran?...
Tal vez, para los que viven en
soledad fuera una compañía
de largas charlas y para otros
fuera una crítica, sobre el lugar
de dormir, la comida que se les da ...
Es algo irrisorio o un poco loco no?


                                                                        


          Las magníficas criaturas de la naturaleza creadas por el Ser Supremo, a las que no se les ocurre hacer la guerra, ni robar, ni mentir. Es una lástima que ellos no puedan escribir. Sería muy interesante saber lo que opinan de nosotros ... si los editores se atrevieran a publicarlo.
          Pero, ¿ por qué querría hacer tal cosa un ruiseñor, un caballo, una hormiga o una vaca de ojos hermosos? Ellos tienen cosas más importantes en que ocuparse. Los pájaros, por ejemplo, empiezan a cantar desde antes del amanecer. La gente no podría con algo así.
          No puedo disimular la tristeza que me da el hecho de que el hombre ejerza tan cruel opresión sobre los animales, lo que no es más que una señal de la decadencia de la raza humana. En  cierta ocasión vi a un niño de ciudad que, al ir al campo por primera vez y mirar a las vacas, preguntó por qué tenían guantes entre las patas. El niño, ya había ido al zoológico y allí había visto un león, un tigre, un caballo salvaje de Mongolia, una iguana y un elefante, pero se moría de miedo, cuando a los nueve años, conoció las cabras.
          Antes, los nobles montaban a caballo, lo cual también me parece una grave injusticia: no entiendo por qué una criatura tan imperfecta como el hombre se arroga el derecho de sentarse sobre el lomo de  un ser tan majestuoso y delicado como el caballo. Debería ser al revés, sólo que el ser humano es demasiado débil como para llevar a cuestas un animal de ese tamaño.
          Hasta las pulgas son más inteligentes que el hombre. Cierto biólogo especializado en ellas juraba que tenían la virtud de localizar el punto preciso de la espalda humana ( entre los omóplatos) donde ni el más flexible contorsionista alcanza a rascarse. Sencillamente somos incapaces de hacerlo.
          Nos hacemos llamar los amos de la creación y hemos domeñado la naturaleza, pero desde que Einstein encontró la fórmula de la masa y la energía no sabemos dónde escondernos. Para terminar, una prueba  más de la superioridad del reino animal sobre el del ser humano: los animales no pueden hablar ni imprimir periódicos; no tienen radio y, en vez de televisión, ven la espléndida creación de Dios, como decían nuestros antecesores.



Fuente: Jan Skacel, destacado escritor checo, murió en 1989. ( condensado  de Jedenacty Bily Kun " El undécimo caballo blanco".
Selecciones del Reader's Digest.
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